...¿Hasta dónde te permitís volar?...



jueves, 14 de octubre de 2010

Amores que matan,

Si dijera que qiero verte, mentiría.
Si dijera qe no qiero verte, mentiría aún más.
Si dijera que no extraño tus besos sería falso.
Si dijera que me hacen falta, sería más falso todavía.

Si dijera que quiero olvidarte, estaría faltando a la verdad.
Si dijera que quiero tenerte presente, estaría faltando a mi corazón.


Porqe duele verte y no tenerte,
y duele más tenerte y saber qe no estás en realidad,
duelen estas ganas de qe estés acá
y duele más saber qe después te vas,
duele la lluvia cuando no se comparte...

Duele la distancia,
y duele sentirte al lado mío,
duele saber que no sos mío,
duele pensar que te comparto,
duele saber que me mentís...

Duele creerte lo que digas,
duele más pensar que no es cierto,
Duele qererte aunqe no quiera,
Duele extrañarte sin verte,
duele olvidar y duele recordarte.

Duele el tiempo
Duele que pase
Duele que no estés
Duele estar
Duele buscarte
Duele que me busques
Duele qe no

Duele mucho.
Duele siempre.

sábado, 12 de junio de 2010

Ciudad vacía,,

Corro, estoy tarde. No puedo creer qe me demoré tanto. En la calle no hay nadie. Encima llueve.
Un hombre pasa en contramano, corriendo con zapatos y traje. Seguro que se escapó de la oficina.
No hay un alma, salvo en un lugar.
El bar. Está hasta las manos. Están todos. La mayoría hombres, todos con amigos, algún que otro colgado solo en una mesa, vasito en la mano que tiembla, un cajero hipnotizado con la tele 20` del rinconcito. Nadie habla, se susurra,los ojos de todos fijos en la pantalla.
Voz baja, nervios y dos colores que copan el lugar.
La plaza, en silencio. No hay gente. En ningún lado.
Todo es silencio, vacío, quietud. Como si fueran las cuatro de la madrugada en plena mañana/mediodía. La gente desaparece, los negocios se cierran, las oficinas se vacían y las persianas bajas copan la visión.
Sigo corriendo, cruzo la calle y casi me pisa un coche. Va a todo lo que da, con la banderita celeste y blanca ondeando en la ventanilla y tratando el conductor de encontrar la radio correcta. También debe estar tarde.
Llego a la parada, me empiezo a poner nerviosa. No hay nadie, no pasa un sólo colectivo. Los choferes tampoco quieren estar en la calle a estas horas.
Quince minutos, me empiezo a desesperar. Estoy más que tarde, y éste que no llega.
Aparece el 29 en la distancia, y ruego que pare, no puedo esperar más. Frena lo suficiente para que me cuelgue de la escalerita y sale a todo motor. Adentro es silencio, todos firmes como si sonara el himno y la radio a todo volumen. Faltan diez minutos. Ya empieza. Se empiezan a escuchar gritos de la hinchada y el aire se puede cortar con cuchillo. La gente está tensa, parece que el conductor nos va a matar a todos de la poca atención que presta a la ruta.
Todos duros, esperando. Llego a casa,bajo corriendo, me esperan firmes frente a la tele.
Arranca el himno, veintidós argentinos jugando todo con lágrimas en los ojos mientras suena, toda una hinchada esperando del otro lado de la cámara. Todos firmes, suena la pava para el mate, pero minga que nos levantamos, no nos vamos a perder el primer segundo, deconecten el teléfono, que nadie joda, el timbre no existe... Temblamos, pitido,
uh, empezó el partido, me fui.

jueves, 6 de mayo de 2010

Historias de bar (fragmento)

por Galu Fernández y Cande Lunita.
...Los días pasan, ella se olvida de él, ese tema ya no ronda su cabeza.

Es de mañana, suena el despertador, es hora de irse. Toma sus cuadernos, un par de lapiceras, su atado, el mate, la mochila y así se va, tranquila, desayunando en el camino. Llega por fin, se sienta: clase de filosofía.

Está muy dispersa, tiene una intuición, algo va a pasar, bueno, malo, no sabe, pero algo va a pasar. El profesor presenta a un alumno nuevo, viene de lejos, del sur, se le sienta al lado, ella poca importancia le da, está perdida en su mundo, a nada le presta atención, sola en su burbuja, pensando en aquella intuición…

Suena el timbre, se va, camina, escucha música y fuma, siente que alguien va a su compás detrás de ella, de repente le tocan el hombro, se da vuelta… lo conoce, de dónde no se acordaba, pero lo conoce.

-¿Te puedo pedir un cigarro?

-Sí, claro… tomá…

Se engancha de vuelta el auricular y sigue caminando.

-Espera… me parecés conocida… ¿No nos vimos alguna vez?

-No sé, podría ser… o soy muy común, todos me confunden con alguien.

-No, yo no te confundo, sos la chica de la mirada triste, ¿Te acordás de mí?

-No, y no soy de mirada triste.

-Sí, sos vos, estoy seguro. Estabas aquella noche, yo me acerqué, te pedí un cigarrillo y te dije que no llores... me tiraste una mirada media fatal y sentí que me tenía que ir…

Se queda sorprendida, era la última persona a la que esperaba encontrarse, y menos se esperaba que él la reconociera… Todo se detiene, el mundo se detiene para ella, lo contempla, como con miedo pero con intriga.

-¿Qué querés de mí?

- Curar tu dolor.

Ella le sonríe sarcásticamente: -No necesito ningún médico, ni siento dolor, gracias… lamento arruinarte el plan de arruinarme como todos. Adiós.

Se calza de vuelta el auricular y se va, prendiendo otro cigarrillo y dejándolo atrás.

-Idiota. ¿Qué le hace pensar que estoy mal? ¿Qué le hace pensar que lo necesito? Yo no necesito a nadie, menos a un hombre…- dice para sus adentros.

Sigue caminando, ya no tiene ganas de pensar en nada.

La vida no le sonríe estos últimos días. Siente como si caminara al costado, como si se mirara desde afuera. El vacío que tiene no lo puede llenar con nada, ni sus amigos, ni su familia, ni la música tienen ya el mismo significado. Ni siquiera la paz de la soledad es igual.

Tiene todo a su favor, y aún así… algo está mal.

Pasa por la puerta de su casa. Toma la llave automáticamente y frena.

No siente ganas de entrar.

Vuelve a guardar el llavero, con dificultad por las cosas que lleva encima, y da media vuelta.

No sabe a dónde va, no sabe qué busca...

Ni siquiera está segura de estar andando, sus pies la llevan como elevada. Automáticamente enciende otro cigarrillo. Se lo lleva a la boca, y antes de que pudiera darle dos pitadas, lo tira.

Tampoco sirve.

Agarra una calle más o menos vacía, lejos del sonido ensordecedor de la avenida.

Necesita despejarse, la nebulosa de la nada tomó su cerebro y no puede pensar…

Camina sin mirar hasta que llega a una plaza.

Duda y se sienta en un banco. Maniobra como puede con los bolsos y se rinde. Mira incómoda a su costado y grita para sus adentros.

Tira la mochila sobre el césped mal cortado y pisoteado y se sienta con ella. Quizás el verde la libere un poco.

Siente una gota en su mejilla y se da cuenta de que empezó a llover.

Cuando la gota roza su labio, también se da cuenta de que estaba llorando otra vez.

martes, 20 de abril de 2010

Dueña del Tiempo.

Si alguien la viera desde el aire, pensaría en una fila de hormigas alas que alguien interpuso una ramita. Es toda gente correteando a las apuradas sin detenerse ni a mirar a quién tiene al lado. Todos apurados, centrados en su deber. Todos, menos una.


Ella no va al ritmo de los demás, ella va en dirección contraria.

Ella tiene tiempo. Ella es dueña de su tiempo.

Observa. Camina. Piensa. Respira...

Su tiempo no es el de los otros, su camino tampoco. Ella es un alma sola luchando contra la multitud.

La empujan, la apuran, la miran mal. Ella eso no lo ve, está ocupada disfrutando del camino.

Mira a la gente corriendo, le dan risa. No saben lo que se pierden por no ver. Miran el reloj, el semáforo... ella siente la adrenalina porque un coche acaba de pasar por el lugar donde hubiera quedado ella si no hubiera corrido.

Es todo diferente, sin apuro. Si tu ritmo lo marcás vos. Vas buscando lo que te falta, te inspirás. Pero no tenés que dejar que nadie te apure.

Sigue caminando a su gusto y piacere hasta que se pierde en ese universo artesanal de cuentas de madera e hilos de macramé.

sábado, 27 de marzo de 2010

Canción de Cuna

Erica sale de la clínica radiante. Está más feliz que nunca. Se siente plena, se siente completa, se siente llena de una vida que no le es propia.


El sol le pega en la cara, pero su mirada tiene más brillo que el que refleja. Ilumina a cada paso.

Llega hasta la parada del colectivo y ve que acaba de irse uno. No le importa. Sonríe. Lo piensa dos segundos y se va caminando. El día está demasiado hermoso para perderlo sentada en un bondi.

Cruza una, dos, tres cuadras, sin dejar nunca de sonreír. Contagia alegría.

Se acaricia la panza, sabe que su vida está por cambiar de una manera increíble.

Se compra un helado de un cuarto y busca un banquito en la plaza para sentarse. Limón y dulce de leche se empiezan a mezclar en el vasito de telgopor mientras ella piensa.

Mira a la gente alrededor, los chicos que juegan...

-¡Solange, dejá a tu hermano en paz!- grita una madre en el arenero. La nena sigue tirando abajo el castillito de un chiquito y la señora agrega: -¡Ei! ¡Basta! Brian, vení acá, dejala que juegue sola. - El nene, obediente, a su encuentro.

Erica se queda pensando en los nombres... ella usaría algo más argento, algo que sienta como propio. Malena, para que cante el tango, o Dolores, para que Los Piojos le canten a ella. O Diego, si fuera varón, para que patee como los dioses.

Pasa una nena que apenas camina con una remera fucsia. Se queda mirándola, agarrada del banquito, y Eri lee las letras blancas: “Linda como mi mamá”. Se ríe y se imagina una beba con esos ojazos cafés que juega con un peluche mientras ella la viste. No deja de sonreír, pero se le asoma una lagrimita.

La madre se lleva a la nena y Erica se levanta y sigue caminando. Falta poco para llegar a casa y todavía no pensó cómo se lo va a decir a Gabi.

Abre la puerta del depto y lo ve sentado a la mesa, son un café y unos papeles. Él ve su sonrisa y sabe que todo salió bien. Le sonríe de vuelta y le pregunta:

- ¿Qué te dijo el traumatólogo? ¿No era fractura nomás, no?

Mientras Gabriel habla, Erica deja la cartera y las llaves y se le sienta a upa. Le da un beso y le dice al oído:

-No, tontito, tenías razón vos.- Lo mira a los ojos y agrega: -Ah... me llamaron... Dicen de la agencia de adopción que pasemos mañana. Nos aprobaron. Vamos a ser papás.

viernes, 23 de octubre de 2009

La risa como analgésico.

Me tocó llorar.
Me tocó sufrir.

Tuve un accidente y me tuvieron qe llevar inmediatamente al hospital.
Menos mal qe era una urgencia.

Desde la misma postura en la qe cai, esperé CUARENTA MINUTOS hasta qe la bendita ambulancia llegara.
Tirada en el piso, con la espalda torcida (miedo de moverla por si habia fractura), la nariz goteando sangre y el ojo hinchado, asustada, adolorida, incómoda, esperé.
¿Qe otra me qedaba?

La cobertura del lugar, jamás llegó. Para eso pagan.
La cobertura de mi obra social, llegó cuando era inservible, todo por una
señorita tan bien entrenada en atender el teléfono qe sabe cuándo un accidente
es de vida o muerte y cuándo no tiene problema en esperar hasta qe la ambulancia
se digne llegar. Para eso pago yo.


Demasiado tiempo despues, a alguien se le ocurrió llamar al SAME.
Cinco minutos despues estaba en una camilla del hospital Argerich.


Le ponen toda la voluntad, pero no alcanza.
Un camillero para el monstruo de hospital qe es.
Una sala de Rayos qe no funciona.
La receta? Una hoja de fotocopia mal sacada dada vuelta.

Eso es el hospital público hoy por hoy, los restos de lo qe hay.
Las salas llenas, los médicos cansados de tanta gente y de tanto correr.
Los instrumentos en mal estado, los pasillos destruidos.
¿Alguna vez los llevaron en camilla sobre un bache? No es divertido.

Qieta,dura sobre una tabla, esperando alguien qe se anime a dar un diagnostico basado en tacto y en radiografias qe no se ven por culpa de la maqina, esperé.
(si, segui esperando)
Dolia horriblemente.

Me reí.
Fue lo único qe qedaba por hacer.
Cuando todo está en la nada, es lo único qe te qeda.
Reir y tratar de ser feliz.
No sabia si podia pararme, no sabia qe tenia en la cara, no sabia si alguien iba a hacer algo.

Me rei como si no fuera triste.
Me rei para hacer reir a los de alrededor.
Me rei para no llorar.


Es doloroso ver ese mundo interno de los hospitales, aun mas el del publico.
Ese qe se sustenta con las monedas del estado, qe vive de la suerte.
No alcanza nada, y uno se va (si tiene suerte) a un privado, en lugar de ayudar.
Es mas triste ver qe esos inutiles qe no atendieron una ¨urgencia¨ se revuelcan en plata (plata nuestra) y tienen todo lo qe a nosotros nos faltó. Las maqinas son mejores, indiscutible. La calidad es la misma o mejor, indiscutible. Los tiempos de espera suelen ser los mismos. El lugar,mejor.
Es triste saber qe ir a un privado es lo mejor qe se puede hacer por la salud propia.
Es triste saber qe es asi.

Habrá qe reir.

lunes, 19 de octubre de 2009

Olvido

Para no verte más,
debería sacarme la vista.
A donde mis ojos se posan, tu persona ya dejó su huella.
Es alguien con tu ropa, tu caminar, sos vos apareciendo desde la esquina.
Es tu familia, son tus amigos, es un tipo qe acaba de cortarse el pelo como vos...
Todos se parecen a vos.




Para no pensarte más,
debería sacarme la razón (o lo qe me qeda después de conocerte).
A donde sea qe mi mente vaya, la tuya ya dejó su marca.
Es un pensamiento, un comentario, una charla.
Son cosas qe dijiste, cosas qe hiciste, cosas qe creí...
Todo tiene un poco de vos.




Para no recordarte más,
debería sacarme del mundo.
A donde mire estás, lo qe piense te trae a mí..
Mi música tiene nuestra historia, mis frases tienen tu nombre y mis recuerdos tienen tu voz.
El cielo tiene tu color y las rosas huelen a vos.
Todo se parece a vos.




Para no qererte más,
deberia sacarme el corazón.
Siempre estuviste en cada visión, en cada pensamiento, en cada recuerdo...
Siempre fuiste parte de mí.